Tuesday, January 12, 2010

14. Cacahuetes



Las 12 de la noche, Valentina conduce su magnífico taxi, sin rumbo fijo y en busca de clientes. Un supermercado abierto las 24h aparece de la nada. Le apetece comer algo, como unos cacahuetes, así que decide parar un momento. Se dirige a la sección de aperitivos y coge dos bolsas de cacahuetes. Paga y sale de la tienda, sube en su taxi y se dispone a arrancar pero escucha un grito. Mira hacia los lados y no hay nadie, mira enfrente y comienza el espectáculo. Un tío con una pistola intenta atracar el supermercado, no deja de apuntar con ella al pobre dependiente. Este, tembloroso, le pide que se vaya. Ella disfruta de sus cacahuetes mientras se fija en ellos. El atracador empieza a cabrearse, y cuando está a punto de disparar... el dependiente saca una escopeta de quien sabe donde y le dispara en el brazo. Valentina se siente como en una película surrealista. «¡Este puede ser un buen momento para conseguir un cliente!», piensa. El atracador coge la botella de Tequila que había dejado sobre la mesa y sale corriendo. Valentina saca su revólver y apunta al atracador mientras grita:

-¡¡EH!! ¡¡Eh tú, el atracador!! ¿Quieres un taxi que te lleve a casa? ¡¡Estoy libre!!

El atracador pone cara de no enterarse de nada pero ella insiste.

-Oye, ¡¡si no subes disparo!!

Y sin dudarlo, el atracador entra corriendo en el taxi. Valentina arranca y se van pitando de allí.

-Bueno, ¿a donde te llevo?

-Eh... Memphis.

-La tierra del rey del rock, ¿no? Bien, así aprovecho y hago un poco de turismo. En fin, ¿y como se siente uno al ser atracador?

El atracador coge su pistola y la pone en la nuca de Valentina.

-Oye, puta. Nadie te ha pedido que hables, solo llévame hasta allí, ¿entendido?

Valentina se desvía del carril y frena de golpe, cosa que sacude al atracador contra el asiento de enfrente. Ella se gira y vuelve a apuntarle con su revólver.

-A mi nadie me llama puta, y menos en mi taxi. Recuerda que llevo una pistola cargada, no me importa tener que limpiar el asiento de trocitos de cerebro.

-Ja, si estuviera cargada ya la habrías usado. A mi tampoco me importa utilizar la mía, si quieres hacemos un duelo para ver quien dispara ant...

¡BANG! Valentina le dispara en el brazo sin dejarle terminar la frase. El atracador grita de dolor.

-¡JODER! ¡¡Y encima en el mismo sitio donde me había disparado el tipo de la escopeta!!

-¡Ya te lo he advertido! ahora baja del taxi, son 30 pavos.

-¡¿Q-QUÉ?! ¿Me vas a dejar aquí en medio, y encima cobrando?

-Haz lo que te digo si no quieres que mi amiga vuelva a hacerte daño, y esta vez no será en el brazo... Oh, y dame también esa botella de tequila que llevas, por mancharme el asiento de sangre.

El atracador no tiene más remedio que cumplir sus ordenes. Sale del coche y le da lo que pide. Valentina, satisfecha, sigue su camino. Sin rumbo fijo y comiendo cacahuetes, en busca de clientes.

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